La columna de Gabriel J. Perea R. – 1


Ha sido un comienzo de agosto muy singular. Todavía con la pandemia del COVID19 incontrolable y en cuarentena. Pero una cuarentena que es selectiva y de obligatorio cumplimiento solo para un segmento de la población. Porque nos guste o no en Panamá si hay castas, no de pobres y ricos, sino de juega vivos y pendejos.

Los pendejos se creen todos los cuentos y promesas de los juega vivos, mientras que los juega vivos viven en realidades diferentes y no obedecen las mismas reglas que obligan a los pendejos a acatar con las consecuencias más severas si no las cumplen.

¿Qué podemos hacer? Si tenemos el país que nos merecemos. Y no esperemos a que nadie ponga orden, porque quien puede llamar al orden, ese se hace el sordo, ciego y mudo cada vez que algo puntiagudo ocurre. Así que sigamos sufriendo como pendejos o esperemos el 2024 y pasamos la factura. A propósito, los invito a leer El Cortito, nada que ver con alguien, no piensen mal.

Hasta la próxima semana o hasta cuando se me ocurra escribirles algo.

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