La columna de Gabriel J. Perea R. – 4


El individuo que intente enarbolar características de independencia y credibilidad no solo debe entender el significado de ambos términos sino profesarlos. Recuerdan el dicho, “La mujer del César no solo debe serlo, sino también parecerlo”

Independiente es alguien que es autónomo y, por lo tanto, actúa voluntariamente. Un individuo es independiente cuando su actuación está guiada por él mismo y no esta ligado a otras corrientes que pueden influenciar en sus actuaciones.

Credibilidad es un concepto que se utiliza para decidir si se cree o no en las informaciones de la que no se es testigo directo. La credibilidad se fundamenta en la confianza y grado de conocimiento, es decir, la capacidad de generar confianza es un juicio de valor que emite el receptor basado en factores subjetivos como las afinidades éticas o ideológicas.

Cuando aplicamos los anteriores conceptos al individuo surge el ciudadano independiente y con credibilidad. Esta combinación es esencial para ser referente confiable en cualquier tema y más cuando nuestra sociedad carece de referentes independientes y creíbles.  Sin embargo, para que se cumpla con la independencia y credibilidad pueden existir obstáculos para los cuales no se aplica el concepto que el fin justifica los medios para alcanzar la credibilidad y la independencia.

Si la independencia esta comprometida por ligaduras con relaciones cuestionables y la credibilidad se desvanece por el descubrimiento de verdades a medias ya “la mujer del César no puede serlo, porque no lo parece”, y quien pueda argumentar lo contrario tendría que sustentar científicamente como se puede pescar peses leones en calle 50.

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