El hombre del saco (cuento) — una verdad política porque #NoALaAReelección


Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty


Había una vez un pueblo chiquitito en un país chiquitito con gente chiquitita, pero de gran corazón. 

En el pueblo chiquitito se aproximaban las elecciones y como era de esperar salieron candidatitos de todas partes, hasta de las alcantarillas. Pero había uno muy peculiar, que se diferenciaba de los demás porque tenia una espléndida sonrisa, estaba impecablemente vestido y llevaba un saco al hombro. Todos los habitantes del pueblo chiquitito se preguntaban que tenía dentro del saco.  


Lo que ellos no sabían era que en realidad era un malandrín disfrazado y que en realidad lo que llevaba en el saco eran a sus compinches tanto o más malandrines que él. 


A ellos les debía favores y tendría que pagárselos en cuanto los habitantes del pueblo lo eligieran creyendo las promesas de prosperidad que decía traer en el saco.


El muy pillo se estaba postulando para el puesto mas alto del pueblo. Y con su verborrea creía podrá engatusar a los pueblerinos y cuando estuviera en el poder se apoderaría de los recursos del pueblo controlándolo todo. Nombraría a sus compinches como embajadores, cancilleres, ministros y hasta carretilleros con salarios de astronautas. 

Pero el malandrín no sabía que sobre el pueblo siempre había un gallinazo sobrevolando, buscando la carroña y en cuanto el gallinazo divisó al malandrín comenzó a charlatanear, porque no se guardaba una para tener espectadores y gritaba pelen el ojo chiquititos, no sean pendejos, ese saco este hediondo. 

La historia del hombre del saco casi se repite, porque no era uno sino varios que cambiaban puesto dentro del saco en cada elección, pero gracias a la charlatanería del gallinazo que aprendió de un doctor en ciencias antropológicas que le enseñó el arte de la charlatanería, los habitantes del pueblo chiquitito se salvaron de elegir a otro malandrín.  

Y colorín colorado, esta charlatanería se ha acabado.


A %d blogueros les gusta esto: