¡Qué perdón ni qué carajo!


Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

lunes 29 de junio de 2015 – 12:00 a.m.A nadie le importa que pida perdón de esa forma, un verdadero arrepentimiento debe estar acompañado de la información que pueda esclarecer

No había tenido la oportunidad de ver la entrevista del que se sigue llamando como si fuera algo honroso para el país ‘general Noriega’, ignorando que un general honra su uniforme con cualidades que este individuo jamás tuvo, comenzando que de militar no tiene ni un pelo, para los que recuerdan cómo terminó su reinado demencial, solo bastó escuchar los primeros disparos y se mandó a esconder cual cobarde, jamás enfrentó lo que él mismo provocó, una cruenta invasión que costó vidas que han quedado en el olvido histórico.
Pero finalmente, aunque con la corazonada de que no valdría la pena, pude ver la tan cacareada entrevista, para mi decepción, tamaño embuste resultó ser, no dijo absolutamente nada, nada que le sirva al pueblo panameño y a la historia, porque el perdón que pidió pareció un acto teatral sin ninguna fibra de compasión verdadera, acartonado, sin sentido y, como dirían los militares, un discurso institucional con palabras escritas al estilo de ‘yo mando y ustedes escuchan’.
A nadie le importa que pida perdón de esa forma, un verdadero arrepentimiento debe estar acompañado de la información que pueda esclarecer aquellos episodios nefastos de la era dictatorial que deben ser aclarados, solo así podría tal vez terminar su vida en paz.
Patético ver a un decrépito exdictador repetir lo mismo, pedir perdón e invocar al Altísimo ante un entrevistador que solo logró darle escenario para su acto circense. Mejor se hubiese quedado callado, porque solo logró revivir el repudio de la ciudadanía y de todos aquellos que vivieron aquellos años donde la patria sucumbió a la locura de un demente militarsillo y de aquellos civiles que, por sacar provecho, lo apoyaron desmedidamente. Hoy, no quieren que se les recuerde.
No merece que se le otorgue ninguna medida diferente que la cárcel, hasta que terminen sus días. La memoria de aquellos que fueron masacrados, humillados, desaparecidos, torturados no lo permite. Sería una afrenta de este ser sin alma al pueblo panameño. Esta prohibido olvidar.
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