Para cuando usted lea esta nota ya habrá más de cincuenta los afectados por la mal llamada «gripe porcina» (porque no tenía nada que ver con estos animales y que después, por presiones de los productores, pasó a llamarse A(H1N1)). A pesar de que aparenta menos amenaza que la gripe ocasional, su incidencia y rápida propagación mantiene a la comunidad científica desconcertada.
Hasta ahora las víctimas fatales se restringen, en su mayoría, a territorio mexicano con algunos casos aislados en otros países; sin embargo, nadie ha podido interpretar si esto es bueno o es el presagio de algo que puede ser peor.
Muchas preguntas surgen sin que nadie las responda. Por ejemplo, ¿cómo es que no se detectaron casos y después surgieron repentinamente? ¿Qué variante tenemos en Panamá que nos está llevando a los primeros lugares de países con casos comprobados? ¿Por qué se están tomando medidas como si la gripe fuese selectiva? Por ejemplo, se suspendió la asistencia de espectadores a la final de béisbol; sin embargo, no se toma ninguna medida en las diarias aglomeraciones en casinos, discotecas, restaurantes o centros comerciales donde, en conjunto, se reúnen más personas que en un juego de béisbol. ¿Será que las autoridades saben de antemano dónde la gripe no se propaga?
Pensemos que no estamos ante un escenario que, por no afectar la economía, somos demasiados cautelosos con las medidas para evitar la propagación de una enfermedad que hasta ahora se ha portado bien con los humanos.

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