Jugada Magistral


Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

En el ajedrez existen jugadas que conjugan la esencia del juego y permiten demostrar la habilidad de los jugadores para ganar la partida. Cuánto tiempo pueda tomar realizarlas no es importante cuando se logra el principal objetivo, ganar sin que pueda evitarse mediante una jugada legal del adversario. En el juego, el rey es la pieza principal hacia la que están dirigidas las acciones. Si un rey sufre amenaza de captura pero tiene posibilidades de escapar se denomina jaque. Cuando no puede evitar ser capturado es jaque mate y el juego finaliza de una vez. Gana el último jugador que movió.

Algunas similitudes guardan las partidas de ajedrez con las partidas por el poder entre fuerzas políticas antagónicas, con la diferencia de que en la política no siempre hay jugadores que dominen el arte del ajedrez y que tengan la lucidez para prever lo que ocasionarán sus jugadas.
Puede ser que se esté buscando producir un resultado donde, pase lo que pase, dará lo mismo. El adversario quedará en una posición en que pierde, sin importar que jugada realice. Trasladando este concepto a nuestro escenario político resulta tan siniestro que solo puede —de ser cierto— ser producto de una admirable intriga.

De perder la oposición, quedarían como una fuerza en extinción que, a pesar de haber contado con una gran alianza de partidos, no logró presentar una propuesta para convencer al electorado y, por consecuencia, no logra derrotar al poderoso partido oficialista. Su rey no fue capturado pero pueden escapar a ser oposición, están en jaque.

De ganar la oposición con una alianza de partidos disímiles, tendrán que cumplir con la promesa que pregonaron hasta la saciedad en la campaña. Principalmente romper con los políticos tradicionales, llamados “huesos viejos”. Cuando esto ocurra tendrán dos alternativas. Crear el descontento social nombrando a los mismos políticos tradicionales, tránsfugas, parientes o socios, o romper con las alianzas con lo que se producirá caos político al perder aquellos su cuota de poder.

Será inevitable evadir esta situación, ni con soluciones intermedias buscando participación de independientes, políticos tradicionales y aquellos que les deban algo cuando tendrán sobre ellos, 700,000 ojos escrutadores que no dejarán pasar una movida, aunque solo sea un aseador que no sea denunciado como las mismas prácticas tradicionales de botar funcionarios para acomodar a sus copartidarios.

De producirse el jaque, el oficialismo saldría ganando al romper la supuesta alternabilidad del poder, pero la oposición tendría la oportunidad de reagruparse e intentarlo nuevamente.

De producirse el jaque mate el oficialismo solo esperaría el brote de descontento social o el quebrantamiento de las alianzas, lo que pudiera ser el preludio del rompimiento del orden constitucional para intentar mantener la gobernabilidad. Lo que equivaldría a reivindicar al ex oficialismo.

La oposición habría caído presa de su consigna, el verdadero cambio. jaque mate.
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