Cantando tablas antes de comenzar


Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

En el ajedrez hay varias condiciones establecidas en las que una partida se declara empate, conocida como tablas. Entre algunas de estas condiciones tenemos cuando no hay suficientes piezas para dar mate al rey contrario. Siempre teniendo en consideración que las partidas de ajedrez son entre dos contrincantes, no tres.

Sin embargo, nosotros los panameños tenemos una inventiva extraordinaria, no solo se han logrados proezas excepcionales en el deporte y la música, sino que cada cinco años nos empecinamos en que sean aceptados por la comunidad mundial las partidas de ajedrez, entre tres, o cuatro o cualquier variante caribeña que se nos ocurra.

Este año no podía ser diferente y estamos ante una partida por la Presidencia entre tres, o cuatro, o dos y un medio, o tres y un cuarto. Y, aunque parezca inaudito, ya están cantando tablas antes de comenzar. Veamos.

La reina que es rey, porque no tiene rey. Es conocida por todos, hasta en los pecados, con un pasado tan público que no se mosquea que se conozca. Su expiación ha sido pública, fue lapidada por el escrutinio ciudadano a más no poder. Así que sus movimientos ya son conocidos.

Un rey que sí es rey o casi rey, como a un 99 por ciento. Y que se aprecia de diferente, pero está rodeado de muchos igualitos a los otros. Se resguarda con algunos alfiles que sí saben sumar y restar, con ejecutorias probadísimas. Con experiencia en ambos territorios del tablero y con participación innegable.

Un reycito de jerez, que no pisa mucho, a menos que le convenga hacerlo, porque tiene torres de vidrio, que a la primera andanada de los peones contrarios se rompen en pedacitos irreconstruibles. Y esto, porque se es dueño de las piezas, sus pecados y su ropa sucia y se responde por todos los movimientos, no se pueden ignorar las jugadas pasadas.

Al otro, que ya no llega a rey, aunque en algún tiempo fue un rey poderoso, se le aplica esa de “a rey muerto, rey puesto” y ya nadie le hace caso. Ni peones tiene y mucho menos caballos, así que ni sube la loma. Pero es un ex rey terco y no se resigna a abandonar el tablero.

Como se aprecia, no hay condiciones ni piezas para darle mate al rey contrario y menos cuando no se sabe a quién hay que darle mate, a menos que algunos se junten, con lo cual uno necesariamente dejaría de ser rey, aunque en realidad nunca lo haya sido. Añadamos que hay piezas que son de doble bando encubiertas y solo esperan las señales de debilidad de su rey para salir corriendo al bando contrario.

Interesante escenario. Esperemos, ante la incapacidad de los reyes de efectuar movimientos, a cuando sus piezas rompan filas.

-El autor es M. Sc. Administración Industrial
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