La patria es el recuerdo


Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

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  • El Panamá América
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  • Buscando Camino

No era suficiente convertirnos en una nación etiquetada con un precio por cada porción de nuestro territorio. Ahora la ambición desmedida de unos pocos se asocia con poderosos intereses capaces de doblegar las conciencias de aquellos que dicen representar los intereses nacionales. Si es que alguna vez albergo en aquellos, el sentir patrio de salvaguardar la nación.

Los esplendorosos días del istmo a pleno sol, de aquel sol abrasador que iluminaba nuestra tierra con la fuerza de la América india, puede que dentro de muy poco tiempo sea cosa del pasado. Tendremos que apelar a nuestra memoria para revivir las imágenes de aquellos días con ardientes fulgores de gloria. Esos imborrables recuerdos terminaran cuando nubes grises, asfixiantes, polvorientas y sin conciencia para distinguir entre herederos y desheredados, nos cubran a todos.

Esas nubes provendrán de la planta de cemento que se pretende construir en las faldas del cerro San Juan en Rodman, dentro de la tierra que fue nuestra antorcha ardiente durante generaciones. La brisa que nos recordaba el olor de las guayabas, nos proporcionara ráfagas compuesta de oxido de calcio, silicio, aluminio, hierro y magnesio. Los niveles de contaminación se elevaran superando las ciudades más asfixiantes del planeta. Las enfermedades respiratorias serán epidémicas y tendremos que aprender a vivir con ellas.

Los torrenciales aguaceros que en el ayer disfrutamos, ahora nos permitirán no solo respirar una dosis letal de minerales pulverizados, sino que nos rociaran de una mezcla pastosa que cubrirá nuestras casas, nuestros autos y nuestros bienes mas preciados, a nosotros mismos y a nuestros hijos. Invadirá nuestras fuentes de agua, envenenando nuestros alimentos.

La contaminación terminara abruptamente con la fantasía de ser una ciudad donde ofreces tus pulmones a cualquier ráfaga de viento. Nos golpeara la triste realidad de las capitales del primer mundo donde las ventanas estas selladas para que la contaminación no los alcance. Ciudades donde los rascacielos están grises, cubiertos por el polvo. Ciudades donde no vale la pena intentar soñar a través de una ventana, porque no se puede ver ni un solo pensamiento.

Pero no todo esta perdido, podremos seguir disfrutando de un paseo en bicicleta en la calzada de amador, solo que tendremos que utilizar como parte habitual de nuestra indumentaria algún tipo de mascara antigases. Podremos seguir visitando las playas cercanas al canal, solo que tendremos que acostumbrarnos a las palmeras grises, a los árboles cubiertos de polvareda, tendremos que acostumbrarnos a no perturbar al señor polvo, nuevo dueño del istmo, sino queremos enfrascarnos en un duelo interminable de estornudos.

Podríamos vivir con un escenario como este, o talvez, nuestras peores pesadillas cobren realidad cuando levantemos un día la mirada y no podamos ver la bandera sobre el cerro Ancón. Cuando su cumbre sea cubierta por una espesa nube de cemento, neblina y mal tiempo y que al mismo tiempo un buque cargado de productos tóxicos encalle en las riveras del canal derramando su letal carga y ocasionado un desastre sin precedentes. Entonces serán días donde no será mas claro el cielo y más brillante el sol.

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