Un país de expertos



Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty


Publicado en el Panamá América

Comencemos aclarando que la percepción de ser un experto tiene dos posibles causas. En la primera es aquel individuo que tiene extensos conocimientos y experiencia en un área específica y que le permite diferenciarse de los demás. En la segunda, según una folclórica definición es una persona que viene de muy lejos y no necesariamente sabe algo o tiene conocimientos comprobables, pero tan solo por el hecho de venir de lejos lo califica como tal.

En el primer caso para generalizar, nosotros los latinoamericanos llevamos la delantera. Solo basta con mencionar algún tema, en cualquier parte, en cualquier momento y en las circunstancias más inauditas y ¡Zas! Expertos en boxeo, expertos en ecología, expertos en economía, expertos en todas las estrategias políticas y últimamente expertos en asuntos canaleros.

Aunque según la primera definición el individuo en mención debe poseer extensos conocimientos que deberían ser comprobables, amén de sobrada y reconocida experiencia, esto no es un impedimento para que ante cualquier acontecimiento –principalmente si este puede brindar notoriedad– broten expertos hasta debajo de las piedras, que caigan como maná en el desierto y que separen las aguas de la ignorancia con sus capacidades extra sensoriales.

Este comportamiento está manifestándose inexplicablemente en nuestro país a raíz de la presentación de la propuesta de Ampliación del Canal de Panamá. Un sinnúmero de expertos en asuntos canaleros y en el ámbito marítimo está brotando como espigas de arroz. Todo esto a pesar de que solo tenemos un solo Canal y que nuestra experiencia naviera como país se limita solo a ese canal o a los dos puertos terminales en ambos lados del Istmo. Debe ser que sus amplios conocimientos y renombrada experiencia fue adquirida en otras latitudes con canales similares al nuestro.

En el segundo caso, pareciera que nunca podremos desarraigar de nuestra psiquis las raíces de nuestra América india que se deslumbró ante la presencia de los españoles montados en sus caballos. Ante la presencia de cualquier extranjero, una reacción de reverencia brota inexplicablemente. Somos capaces de descalificar cualquier actuación de parte de nuestros coterráneos en beneficio de aquellos de los cuales solo conocemos por referencias.
No damos ningún crédito a nada que sea producto criollo, ponemos en duda cualquier estudio que sea realizado por nacionales a menos que éste sea bendecido por los incuestionables respaldos de cualquier individuo o entidad extranjera, aunque esta bendición provenga del mago Trañao.

Frente a las grandes decisiones que el país tiene por delante y las cuales dependen de la aceptación ciudadana, debemos como seres pensantes, ser críticos y no permitir espacio a los expertos ocasionales, a aquellos expertos que no pueden presentar ni una sola credencial comprobable y mucho menos si no tienen experiencia alguna sobre lo que hablan.

No debemos dejarnos confundir y ser conducidos como ganado al corral. No hay mejor consejero que nuestro propio discernimiento. Debemos examinar, con especial minuciosidad, la información que se nos presenta con miras a tomar una decisión que beneficie al país.

Debemos confiar en aquellos que son reconocidos por sus conocimientos y experiencia, en todas las áreas necesarias como la economía, las finanzas, las operaciones marítimas. ¿Y por qué no? Creer en aquellos que vienen desde hace muchos años desempeñándose en aquello de lo cual hablan. Lo demás son solo opiniones.
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