El podcast de Gabriel J. Perea R. explora la advertencia del CEO de Alphabet sobre la inversión excesiva en inteligencia artificial, sugiriendo que no habrá un colapso total de la IA, sino una purga de excesos y expectativas infladas. La oportunidad radica en desarrollar capacidades locales en América Latina, más allá de depender de tecnologías…


Gabriel J. Perea R. | 19 de noviembre de 2025

PODCAST: IAG: La “burbuja” de la IA no anuncia un colapso: anuncia una limpieza necesaria

Cuando el director ejecutivo de Alphabet advierte que el auge de inversiones en inteligencia artificial contiene “elementos de irracionalidad”, el titular suena a alarma global: ¿estamos frente a una burbuja tecnológica a punto de estallar? ¿Podría el mercado desplomarse al punto de borrar a las empresas de IA y apagar modelos como ChatGPT?

La ansiedad es comprensible, pero no corresponde a la realidad. Lo que está en juego no es la continuidad de la tecnología, sino la madurez del ecosistema que la rodea. Lo que puede desaparecer no es la IA, sino sus excesos.

Irracionalidad no es sinónimo de catástrofe

El comentario de Alphabet es menos una profecía apocalíptica que un llamado a la cordura. La carrera por la IA —en infraestructura, chips, centros de datos, energía y talento— se ha movido con un ritmo tan acelerado que incluso los gigantes tecnológicos comienzan a admitir lo obvio: la curva de inversión es insostenible a largo plazo.

Es el mismo patrón de todas las revoluciones tecnológicas. Antes del internet, la electricidad y los ferrocarriles vivieron ciclos idénticos: entusiasmo, capital exuberante, corrección, consolidación.

Esta vez no será distinto.

Lo que sí puede colapsar: las expectativas infladas

Las startups sin modelo de negocio, las promesas de crecimiento perpetuo, las valoraciones infladas, los productos que dependen de rondas de inversión eternas: esos sí están en riesgo. Y deben estarlo.

La industria ha confundido durante años “innovación” con “gasto” y “escala” con “sostenibilidad”. Era inevitable que llegara el momento de la matemática honesta.

Si hay un estallido, será principalmente un estallido de expectativas: una purga de proyectos sin tracción real. Los modelos que ya son parte del tejido digital —ChatGPT, Gemini, Claude— no se desvanecerán porque representan algo que ninguna corrección bursátil puede revertir: adopción social masiva.

La IA no retrocede. Cambia de fase.

Un ajuste profundo en el mercado no es un apagón; es un reordenamiento. Pasaríamos de la etapa del ruido a la etapa del rigor.

  • Menos evangelización y más resultados.
  • Menos “todo gratis” y más modelos de negocio claros.
  • Menos carreras por lanzar “la próxima maravilla” y más foco en resolver problemas concretos.

Cuando la espuma se disipa, queda la sustancia. Y la sustancia de la IA es demasiado grande, útil y transformadora para desaparecer.

El impacto en la región: entre riesgo y oportunidad

En América Latina este debate adquiere otro matiz. Durante años hemos importado tecnologías sin construir capacidades internas, repitiendo modelos que no siempre responden a nuestra realidad. Si la tormenta financiera de la IA llega, la región enfrentará una pregunta crucial:

¿Seguiremos consumiendo plataformas externas sin desarrollar talento propio, o aprovecharemos la limpieza global para construir nuestras propias soluciones?

La oportunidad existe: la IA que permanece después del ajuste será más accesible, más eficiente y más abierta a integración local. Los países que inviertan en capital humano, infraestructura estratégica y gobernanza inteligente podrán posicionarse mejor cuando la industria deje atrás el hype y aterrice en la economía real.

El verdadero riesgo es interpretar mal el momento

El peligro no es que la IA desaparezca, sino que sigamos leyéndola solo desde la óptica del mercado bursátil. Reducir una transformación civilizatoria al precio de las acciones es como evaluar la electricidad por el valor de una compañía eléctrica en quiebra.

La pregunta no es “¿qué pasa si la burbuja estalla?”, sino “¿qué queda después de que estalle?”.

Y lo que queda es lo esencial: modelos más eficientes, innovación con propósito, empresas que sobrevivieron porque ofrecían valor real, y una tecnología que ya es tan cotidiana como la búsqueda en línea —pero mucho más poderosa.

No es un fin. Es un filtro.

Si algo desaparece con un eventual estallido, no será ChatGPT, ni la IA generativa, ni los sistemas que ya forman parte de nuestra vida diaria. Lo que se desvanecerá será la exuberancia, el exceso, el espejismo.

La IA continúa su marcha. El mercado, en cambio, está aprendiendo a caminar sin intoxicarse de optimismo.

Y quizás —solo quizás— eso sea lo mejor que le puede pasar.

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