Gabriel J. Perea R. | Publicado en la Prensa el 14 de septiembre de 2025
PODCAST: Transformación con propósito: más allá de la moda tecnológica
En los últimos años, muchas empresas se han embarcado en una carrera acelerada por transformarse digitalmente, como si fuera la única vía para sobrevivir. El término se repite en juntas directivas, conferencias, consultorías y discursos corporativos como un mantra incuestionable. Pero surge una pregunta fundamental: ¿realmente todas necesitan una transformación digital, o antes deberían preguntarse qué procesos requieren una transformación genuina y cuáles aportan valor real al cliente?
El riesgo de sumarse a esta tendencia sin una reflexión estratégica es caer en una “transformación cosmética”: digitalizar lo que ya funcionaba, implementar plataformas que pocos usan o adoptar tecnologías de moda solo para proyectar modernidad. No se trata de llenar la empresa de aplicaciones, tableros de datos o inteligencia artificial si estas herramientas no responden a una necesidad concreta del negocio y, sobre todo, del cliente.
Tampoco faltan los consultores ávidos de ganancias, dispuestos a demostrar —con presentaciones impactantes, modelos importados y lenguaje especializado— que la transformación digital es impostergable y debe ejecutarse como prioridad. Claro está: el sentido de urgencia suele estar acompañado de sustanciales beneficios para ellos, aunque no necesariamente para el negocio que los contrata.
La verdadera transformación no comienza con la tecnología, sino con un propósito claro. Preguntas clave como: ¿Qué necesita mi cliente?, ¿Dónde están los mayores puntos de fricción en su experiencia?, ¿Qué procesos consumen tiempo, generan desperdicio o complicaciones innecesarias?, deben preceder cualquier decisión tecnológica. Solo con esas respuestas bien formuladas tiene sentido hablar de transformación digital.
De lo contrario, la tecnología corre el riesgo de convertirse en un fin en sí misma y no en un medio habilitador. Digitalizar sin cuestionar procesos obsoletos es, en esencia, automatizar la ineficiencia. Transformar solo por imitación puede derivar en inversiones mal dirigidas, con escaso retorno y sin impacto tangible en el negocio.
La digitalización que realmente importa es la que toca lo esencial: la relación con el cliente, la propuesta de valor y la eficiencia operativa que libera tiempo y recursos para innovar. Todo lo demás puede —y muchas veces debe— esperar.
En un entorno corporativo cada vez más enfocado en el “cómo” —inteligencia artificial, nube, blockchain, automatización—, conviene recordar que la clave sigue estando en el “para qué”. La tecnología es una herramienta poderosa, pero sin una dirección estratégica clara, se convierte en humo, pérdida de tiempo y recursos mal utilizados.
Quizás la pregunta más urgente que deberían hacerse las empresas no es “¿cómo nos transformamos digitalmente?”, sino “¿qué procesos merecen ser transformados para generar valor real al cliente y asegurar la sostenibilidad del negocio?”.
Solo entonces la transformación digital dejará de ser un eslogan vacío para convertirse en lo que realmente debe ser: un camino hacia la relevancia, la eficiencia y la competitividad en un entorno cada vez más exigente.
El autor es máster en administración industrial.


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